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La mudanza

Hace poco tiempo me mude a un nuevo apartamento en el centro de la ciudad.  Un lugar precioso con vista al valle que me encanto. Me hice un lio guardando todas mis cosas en cajas que terminaron siendo más de 20 entre ropa y zapatos. Como vivo sola, le pedí a mi mejor amigo que me ayudara a con la mudanza de todas mis cosas.

Abigail  |  Vacuum Pumping Articles

Hace poco tiempo me mude a un nuevo apartamento en el centro de la ciudad.  Un lugar precioso con vista al valle que me encanto. Me hice un lio guardando todas mis cosas en cajas que terminaron siendo más de 20 entre ropa y zapatos. Como vivo sola, le pedí a mi mejor amigo que me ayudara a con la mudanza de todas mis cosas.

El día de la mudanza mi mejor amigo Michael llego temprano, listo y vestido para empezar con la tarea, me sorprendió mucho verlo de esa manera, siempre lo había visto con saco y corbata en ropa formal para su trabajo como corredor de bolsa, pero nunca sus camisas habían permitido ver ese torso bien esculpido, sus bíceps grandes y duros y su piel asombrosamente bronceada que dejaba ver su camiseta. 

Vestía también unos jeans gastados que se adaptaban perfectamente a su físico, como si ya vinieran con la forma de su cuerpo, marcando un trasero apretado y redondeado producto de largas horas en el gimnasio, que hacía muy difícil mantener mis manos quietas y no probar una pequeña nalgada que me deje saber si es tan bueno como parece. Tenía una barba de uno o dos días, que le daban un aspecto salvaje y dominante absolutamente diferente a la sobriedad el aspecto nítido del traje.

Yo vestía un pequeño short de mezclilla que mostraba mis piernas largas y una camiseta sencilla blanca, y tenía el pelo recogido en una coleta de caballo, nada complicado pero fresco para aquellos días de verano. De haberlo sabido que él estaría tan provocativo…

Pronto se empezaron a bajar las cajas y una tras otra y no podía evitar mirar aquellos músculos de sus brazos se acentuaban por el esfuerzo y una que otra gota de sudor rodeaba su frente, lentamente seguía a otra bajando por su rostro, rodeando sus mejillas hasta llegar al borde de su mandíbula, donde hacia una interesante maniobra para darme envidia y bajar seductoramente su cuello palpitante en camino a su pecho duro y definido en donde se fundía con su camiseta.

Cerca del mediodía llegamos al nuevo apartamento, donde de nuevo empezó la tortura del subir y bajar de cajas y ya como a media tarde todas las cajas estaban apiladas unas sobre otras en el comedor y sobre la alfombra roja nueva que le daba un acabado sensacional al nuevo espacio.

El fuerte sol de la costa no había cesado en su intensidad y aunque lo peor del trabajo ya había pasado, el calor todavía hacía de las suyas, entonces sugerí un par de cervezas frías que calmaran esa sed y la temperatura de mi cuerpo, aunque no estaba segura de que una cerveza pudiera ayudar con eso.  Le dije a Michael que pronto volvía, mientras salía al supermercado por algo para tomar y comer.

Entretanto el gentilmente desempacaba mis cosas y las iba ordenando en cada habitación, no paso mucho tiempo para que llegara a la caja con mis “artículos personales”, que más que eso, eran el consuelo sexual de una chica sola. Lo primero que vio en la caja fueron mis pantaletas, que era lo último que yo había guardado allí, las había pequeñas, de encaje, de todos colores y incluso aquellas que reservaba para las citas, con un orificio en el espacio de mi vulva para entrada fácil. Le fue irresistible seguir observando el contenido de aquella caja que le dejaba ver otra cara de su amiga, su aspecto sexual que no había conocido hasta entonces y que tal vez por temor no había intentado explorar.

Poco a poco me fue visualizando con aquella ropa, imaginando como mis pechos suaves y redondeados entraban en los corsés. Ya más de una vez lo había notado yo concentrado observándome la línea del escote, donde afloraba el inicio de mis pechos, pero nunca me hizo ningún comentario que me hiciera pensar que se interesaba en mí, por el contrario, se mostraba ligeramente tenso. Siguió explorando en la caja mágica y lo siguiente que emergió del arsenal sexual fue mi dildo, un consolador de un tamaño promedio que consolaba mis noches de soledad y ansiedad, y por último un pequeño artefacto que por su color llamo poderosamente su atención. Era una pequeña bombita rosada de aspecto extraño que jamás había visto.

Yo decidí no esperar y en el camino de regreso abrí una de las cervezas, intentando sacar de mi cabeza la imagen de ese hombre que ahora me aparecía como un desconocido ante mí. ¿Un desconocido que sin intentarlo estaba haciendo palpitar mi feminidad en busca de satisfacer mis instintos, era irremediable imaginar de qué tamaño seria su pene?  ¿Sería uno de esos amantes complacientes o egoístas? ¿Como podría acercarme a él?

Al abrir la puerta la imagen que encontré se acercaba mucho a lo que yo había estado pensando, el tenía mi bombita en sus manos y dentro sus jeans su pene se marcaba absolutamente erecto, un pene grande y erecto como el que había estado imaginando todo el camino, entonces escapo de mi un leve gemido de excitación, no quería esperar más, quería que me tomara entre su cuerpo y me penetrara una y otra vez.

Cuando mire su rostro absolutamente rojo por la vergüenza trate de tomar una actitud natural, -ese es mi agrandador- le dije. Aún seguía estupefacto por la sorpresa que le había producido cuando inconscientemente me pregunto -tu agrandador?-, -si- le respondí, -mi agrandador, nunca habías visto uno para mujer?-, el aclarándose la garganta me respondió: -no, nunca-, entonces supe que ese era mi momento, que si dejaba pasar esta oportunidad me lamentaría por semanas, entonces le dije: -quieres ver?-, y el sin dudarlo ni un instante movió su cabeza asintiendo, lentamente empecé a quitarme los pequeños shorts de mezclilla seguidos por un pequeño lazo color blanco, que le dejaban una pequeña línea de vello que  indicaba el camino de mi intimidad, unos labios rosados que daban paso a una vulva que, toda húmeda, pedía por el consuelo de ser penetrada.

Me recosté sobre la alfombra roja y abrí grande mis piernas, coloqué el agrandador alrededor de mi vulva y comencé a succionar, pronto mis labios comenzaron a inflarse y su color se tornaba más intenso por la presión, de nuevo mas y mas succión que me hacían sentir una mezcla de excitante dolor que me mojaba mi vagina. Trataba de contener la excitación en mi pero ya era demasiado evidente, escapo de mi un pequeño gemido de placer que indicaba que este solo era el comienzo de una sesión inolvidable de sensaciones eróticas que me llevarían hasta el borde de la locura.

Su rostro estático tampoco podía escapar de lo que estaba presenciando enfrente suyo, sus ojos no se apartaban de mis labios hinchados por la succión, su pene ya le dolía por la presión que ejercía dentro de sus pantalones ajustados, entonces, en una maniobra casi imperceptible lo dejo salir, abrió sus pantalones y dejo salir su asombroso miembro, jamás había visto algo semejante, era grande y delirantemente grueso, exactamente lo que mi cuerpo pedía. Inmediatamente retire el agrandador de mi vulva y su expresión de asombro fue la más clara muestra de deseo.

-ves- le dije, -eso es lo que hace el agrandador- Él se inclinó hacia mí para mirar de cerca, tan de cerca que sus labios rozaron los míos, un profundo suspiro salió me di garganta , su lengua probo el ardor de mis inflamados  y sensitivos labios, mi vulva, la humedad de sus boca se fundió con la humedad de mi excitación, saboreo cada milímetro de mi vagina, el vaivén de su lengua sobre mi clítoris me transportaron a un mundo de placer del que no quería escapar, sus manos grandes y suaves cubrían mis senos con unos fugaces pellizcos en mis pezones erectos , mi vulva se contraía una y otra vez . 

Su lengua lamia ferozmente mis labios más sensibles que nunca por la hinchazón, todo mi giraba alrededor del placer, el aire se acababa a mi alrededor, no podía resistir mucho tiempo más, ni el tampoco, su pene erguido y lubricado también me necesitaba. – te deseo, ahora! -Sin dudarlo más me penetro lentamente, mis ojos se abrieron como estrellas, aunque estaba excitada no esperaba la magnitud de su miembro dentro de mí, ágilmente mi cuerpo se adaptó a su bien dotado pene que iba y venía cada vez más rápido, más duro, más salvaje. Sus testículos golpeaban mis todavía inflados labios, su pene no dejaba espacio para nada más y en una explosión de placer llegamos a la cima de lo que fue, para ambos la más sensual de nuestras experiencias sexuales. Desde ese momento hasta ahora, cada vez que estoy con él, pongo a la vista mi bombita de succión…una nunca sabe.

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